
“Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar a Jehová…” Oseas 10:12 (RVR1960)
Elias Delgado nació en 1897, en una plantación de caña de azúcar en Linares, México, llamada Hacienda Jesús María—una hacienda que aún existe hoy.



Fue el noveno hijo de la familia y el primero en nacer de padres cristianos. Sus ocho hermanos mayores nacieron mientras la familia seguía siendo profundamente católica. Ese cambio en la fe de sus padres (mis tatarabuelos) es el principio de todo.
Una tormenta y una revolución
Mi tatarabuelo Carlos Delgado era un joven esposo recién casado. En sus propias palabras:
“Cuando me hice hombre, al casarme con una de las jóvenes más destacadas del pueblo, empecé a sembrar semillas [para] una granja en las afueras de San Carlos.”
Sembraba cultivos entonces, pero aún no sabía que pronto estaría sembrando algo eterno.
En 1896, durante una temporada fría y lluviosa, Carlos—entonces católico devoto—ofreció refugio a un evangelista protestante que había sido expulsado del pueblo por repartir Biblias. El evangelista se quedó unos días, compartiendo Escritura y conversación. Antes de irse, le ofreció a Carlos una Biblia a cambio de unos pocos pesos. Fue la esposa de Carlos, mi tatarabuela, quien la abrió por primera vez.
Cuanto más leían, más inquietos se sentían—especialmente al llegar a Éxodo 20. El segundo mandamiento, que prohíbe las imágenes talladas, no concordaba con las filas de estatuas que adornaban su iglesia. Carlos llevó la Biblia al sacerdote que lo había criado y educado, buscando claridad.
En un extracto de la autobiografía de Elías, él cuenta la historia que había oído innumerables veces desde el punto de vista de Carlos:
“Al leer los primeros mandamientos con todos los detalles allí escritos, apenas podía contenerme. Tomé el libro bajo el brazo y fui directamente a la casa del padre De La Peña Velazco. Llegué tan agitado… Mostrándole el libro, dije: ‘Padre, todo lo que soy y todo lo que sé, se lo debo a usted. Sé que usted no me mentiría. Me dieron este libro y me dijeron que es la Santa Biblia. ¿Qué dice usted?’ El sacerdote examinó el libro, ‘Sí, esta es la versión protestante de la Biblia.’
No sé si fue celo o enojo lo que sentí, pero pregunté al sacerdote: ‘Si esta es la Biblia y estos son los Diez Mandamientos de Dios, ¿por qué tenemos todo esto?’ Señalé todas las estatuas que adornaban nuestra iglesia. El sacerdote respondió con su acostumbrada paciencia:
‘Hijo, la Biblia dice esto, y sé que es la verdad. La iglesia ha creído conveniente poner estas estatuas aquí para que los creyentes fijen su mirada en ellas y concentren sus pensamientos. He servido a la iglesia durante muchos años. Estoy muy viejo y sé cómo la iglesia persigue a los que no creen como ella ordena. No tengo vocación de mártir; sin embargo, te he dicho la verdad. Tal vez si tuviera veinte años menos, yo también me haría protestante. Pero si quieres hacer lo que Dios manda, esta es la Biblia. Síguela.’”
Y así lo hicieron.
Carlos buscó específicamente una iglesia bautista que predicara el Evangelio y bautizara “no a niños, sino a creyentes” por inmersión.
Dijo: “Desde ese momento comencé a hacer planes para salir de San Carlos con el único propósito de encontrar la iglesia bautista.”
Fue entonces cuando toda la trayectoria de su familia cambió… incluida la del joven Elías… incluida la mía.
Bautista de nacimiento y de convicción
Elías fue bautizado a los 11 años por el pastor Daniel Sierra Barocio—quien poco después llegaría a ser presidente de la Convención Bautista Nacional de México en 1928.
Aunque recibió educación secundaria a través de un programa presbiteriano y se le ofreció un avance ministerial, Elías lo rechazó, “por mis convicciones bautistas,” escribió en su autobiografía, “y finalmente dejé esa institución para seguir una carrera secular.”
Se casó joven, formó una familia y se integró a una iglesia en casa en McAllen, Texas—su primera experiencia sembrando y sirviendo dentro del contexto bautista. Esa obediencia abrió el camino al Seminario Teológico Bautista en Fort Worth, Texas (SWBTS).
Tengo que hacer una pausa aquí para expresar mi sincera gratitud a SWBTS por proveer un escaneo de su historial académico escrito a mano. Aunque no completó el programa, Elías pasó cuatro años inmerso en estudios teológicos y derramó ese conocimiento en una vida entera de evangelismo y plantación de iglesias.

“Mis amados padres vinieron a vivir con nosotros,” escribió, “y sus anhelos y sueños se cumplieron cuando llegué a ser pastor de la Primera Iglesia Bautista Mexicana en Fort Worth.”
Comienzos con la Junta de Misiones y el impulso del Programa Cooperativo
En 1923, solo unos meses antes del nacimiento del Programa Cooperativo, Elías Delgado fue ordenado al ministerio del Evangelio. Ese mismo año, comenzó su obra misionera bajo la Junta de Misiones Domésticas (ahora NAMB). Durante 35 años sirvió a la iglesia local en Texas, México y California.
En total, pastoreó o plantó iglesias en:
- Fort Worth, McAllen, Mission, Mercedes, Del Rio, Corpus Christi, Harlingen, La Feria y Texas City, TX
- Monterrey, Xicoténcatl, Villa Juárez (Mante), México
- Barstow y San Francisco, CA
Cada una de esas iglesias representa una comunidad alcanzada por medio de trabajo evangelístico fiel y cooperativo. Su vida estaba profundamente arraigada en convicciones bautistas, pero su fruto siempre fue misionero.

Libertad en Mante
En 1964, el boletín de los Bautistas del Sur de California informó de uno de sus actos ministeriales más valientes, que tuvo lugar en 1929, en Mante, México. En un feriado nacional que honraba la libertad, Delgado se paró en la plaza del pueblo y predicó un mensaje titulado “La Libertad de Conciencia,” en una época en que la predicación protestante pública estaba prohibida.
Cuando un general militar prominente se le acercó tras el mensaje, Elías se preparó para ser arrestado.
Pero en vez de eso, el general dijo: “Yo también soy cristiano… y quiero que venga a mi casa a predicar el Evangelio a mí y a mis amigos.”
Se hicieron amigos. El general incluso recaudó fondos entre los suyos para comprar un terreno para una iglesia—lo que sería la Primera Iglesia Bautista de Mante, México.
Una fe digna de sembrar
Elías sirvió dos veces como presidente de la Convención Bautista Mexicana de Texas: en 1938 y de nuevo en 1948, pero no perseguía fama. Mi tatarabuelo perseguía almas. Con una Biblia prestada, un título inconcluso, y un llamado arraigado en convicción, entregó su vida a plantar iglesias y predicar a Cristo.
Años antes de que Elías predicara en los púlpitos de México y Texas, su padre Carlos sembraba semillas—tanto literal como espiritualmente—en las afueras de San Carlos. Cultivaba de día, y leía su Biblia a la luz de las velas.
Y como muchos de nuestros antepasados bautistas, Elías sembró semillas del Evangelio con el apoyo del Programa Cooperativo, a través de NAMB y de las convenciones estatales de California y Texas. Pero, sobre todo, fue a través de la iglesia local.
Y ahora… a través de mí.
Porque hay historias que no terminan.
Echan raíz… y crecen.
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“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.” 2 Corintios 9:6 (RVR1960)










